MITOLOGÍA NÓRDICA: Freya, diosa de la Belleza y del Amor

Bellísima y seductora, Freya es la diosa del amor y la lujuria. Esta vanir lideraba en ocasiones a las valkirias y acogía a la mitad de los guerreros caídos en combate.
Poseedora de una hermosura única y una tremenda capacidad de liderazgo, Freya (o Freyja) es, junto con Frigg, la deidad femenina (ásynja) más venerada de la mitología nórdica. Diosa del amor, la fertilidad, la lujuria y la belleza, Freya era invocada para dar asistencia en los partos, dotar de felicidad al amor y garantizar las buenas estaciones. Y te vamos a contar su historia.

Los orígenes de Freya
Paradójicamente, los orígenes de la diosa nórdica del amor están íntimamente relacionados con el combate. Se narra que los vanir y los æsir se enfrentaron en una gran guerra. El origen de la contienda eran los malos tratos que Gullveig estaba padeciendo a manos de estos últimos. El tratado de paz que puso fin al enfrentamiento incluía un intercambio de rehenes: se acordó el traslado del dios Njörðr desde el Vanaheim, hogar de los vanir, a Asgard, hogar de los æsir. Allí fue donde Njord, casado con su hermana Nerthus, engendró a dos bellos y no menos poderosos hijos: Frey y Freya.
Freya, que prestaba mucha atención a las oraciones de los amantes, era frecuentemente invocada por ellos. Normalmente, estos rezos tenían lugar mediante cánticos durante las ocasiones festivas. Pero lejos de ser una diosa apacible, Freya solía encabezar a las valkirias. Además reclamaba la mitad de los vikingos muertos en la batalla (puesto que la otra mitad pertenecía a Odín). Una vez en posesión de ellos, los trasladaba hasta su morada, y allí los agasajaba convenientemente.

Se dice que la diosa Freya lloraba lágrimas de oro rojo cuando su esposo, el dios Od, la abandonaba por largas temporadas. No obstante, y como toda gran diosa del amor y de la lujuria, ella era la auténtica dueña de sí misma. De esta manera, gozó de la compañía de muchos amantes, aunque su preferido siempre fue su hermano Frey.
Ottar y Angantyr estuvieron discutiendo larga y ardorosamente a causa de sus derechos de propiedad. Como los dos hombres eran incapaces de encontrar por ellos mismos la solucionar a su disputa, decidieron exponerla ante los dioses vikingos.
La asamblea de Asgard decretó que la disputa se resolvería a favor de aquél que pudiera probar que su estirpe era más extensa y noble. Pero Ottar era incapaz de recordar a sus antepasados, por lo que ofreció sacrificios a la diosa Freya y rogó por su ayuda.
Freya, que escuchó todas sus oraciones, se apareció ante él y lo transformó en un jabalí. Y cabalgando sobre su lomo se encaminó hacia la morada de Hyndla. Ésta era una célebre hechicera capaz de trazar toda la genealogía de Ottar, resumiendo además las hazañas de cada hombre. Finalmente, gracias a la ayuda de la diosa, Ottar pudo obtener sus codiciadas propiedades.
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